Cataluña fue durante época moderna un escenario de guerra casi permanente. Este doble espacio de frontera entre la Monarquía Hispánica y el reino de Francia vivió un conflicto, de mayor o menor intensidad, que se convirtió en una constante durante el reinado de los Austria. Tuvo un momento de mayor intensidad a partir del estallido de la guerra franco-española de 1635 y la revuelta de los segadors, que inauguraron una nueva dimensión para Cataluña: escenario de guerra de primer orden entre dos de las principales potencias europeas.